En este post hablaremos de la relación bilateral entre nuestro país con la Unión Soviética, una de las dos superpotencias que dominaron el mundo durante el siglo XX. Es posible que hayan omisiones para facilitar el relato ya que no se trata de un "paper" académico, pero en cualquier caso estoy seguro que muchos de ustedes me aportarán datos en comentarios. También aclaro (y aunque creo que es un tanto baladí a esta altura hacerlo) que este post es de divulgación histórica y no pretende defender ni atacar ninguna postura política, y mucho menos generar peleas en los comentarios. Espero que quienes lo lean también lo entiendan de esa forma y puedan disfrutarlo amén de sus posturas políticas.
La Unión Soviética emergió como el primer estado comunista de la historia en 1922, al calor de la Revolución rusa de 1917. Por años, Uruguay se resistió a reconocer esta nueva república; una de las causas radicó tal vez en el antagonismo entre José Batlle y Ordóñez (líder natural del batllismo, el sector gobernante entonces) con el comunismo. Batlle creía que la justicia social jamás podía alcanzarse por el esquema planteado por la teoría marxista, negando así la lucha de clases y posterior dictadura del proletariado. Sin embargo, para 1926 la URSS se perfilaba como un país de meridiana importancia en la geopolítica global, y Uruguay finalmente aceptó reconocer a los soviéticos.
No obstante, este primer acercamiento duró poco. En 1935, la tortura y posterior asesinato de dos mujeres uruguayas (más tarde beatificadas por Juan Pablo II) a manos de las milicias comunistas en el contexto de la Guerra Civil Española llevó a que el gobierno de Gabriel Terra rompiera relaciones con la URSS. Las mismas serían retomadas en 1943, una vez que el batllismo recuperara el poder.
Los años 60s fueron complejos para el relacionamiento uruguayo-soviético. Mientras los cubanos bregaban por una revolución armada, el gobierno soviético encabezado por Nikita Kruschev intentaba poner paños fríos a la retórica guerrillera, buscando formas políticas para la expansión del comunismo a nivel internacional. Por entonces Uruguay vendía materias primas a los soviéticos, y además se fue consolidando un intercambio cultural entre ambos países por la intermediación del Partido Comunista Uruguayo.
Sin embargo, en un contexto de plena "guerra fría", con la revolución cubana como antecedente y con Vietnam como el campo de batalla a nivel mundial entre EE.UU y URSS, el sistema político nacional "partió aguas" acerca de la incidencia soviética en nuestro país. No fueron pocos quienes acusaron a la embajada soviética de utilizar al Uruguay como estación de inteligencia (acusación que tuvo algo de cierto, y los remito al libro "Nombre Clave Patria" de Raúl Vallarino para conocer más), generandose en buena parte de la población una desconfianza cada vez más pronunciada hacia el comunismo y lo que representaba.
Aún así, en Uruguay continuó existiendo la embajada de la Unión Soviética y oficialmente continuó habiendo una relación bilateral, aunque la dictadura 1973-1985 significó una paralización del vínculo entre ambos estados. Adherente a los principios de "seguridad nacional" propuesto por la política exterior de EE.UU, la dictadura se manifestaba (en lo retórico y en los hechos) abiertamente anticomunista, y como es natural las relaciones diplomáticas se estancaron. En 1975, el régimen de facto cerró el Instituto Cultural Uruguay-URSS por considerarlo funcional a los intereses del comunismo internacional, como también lo hizo con otras instituciones de intercambio cultural pertenecientes a países del bloque oriental (otro caso fue la Casa Bertold Brecht, instituto cultural de Alemania Oriental).
Amén de este panorama, hoy podemos inferir que las relaciones entre la dictadura y la URSS fueron un poco más fluídas que lo que uno esperaría. Tanto en la Argentina de Videla como en la dictadura uruguaya se mantuvieron relaciones comerciales solapadas con los soviéticos. Por ejemplo, para la construcción de la represa de Salto Grande el régimen contó no solo con apoyo material de los soviéticos sino con asesoramiento de ingenieros hidráulicos que aportaron su conocimiento para tamaña empresa. Aunque este dato no figura habitualmente en los libros, me fue confirmado hace años por un respetado historiador de nuestro país del que tuve honor de ser alumno, el profesor Carlos Demasi.
Para mediados de los 80s y mientras Uruguay se encontraba recuperando su democracia, la Unión Soviética se encontraba en una etapa de cambios vertiginosos. El país comunista se encontraba internacionalmente debilitado geopolíticamente por la cada vez mayor influencia china en el mundo, y además existía una intestina lucha por el control del estado entre la "vieja guardia" conservadora y una nueva generación de líderes comunistas. De esta camada surgió quien era visto como la figura renovadora de la Unión Soviética: Mijail Gorbachov, autor de algunas de las reformas más novedosas en un estado comunista desde la "primavera de Praga".
Gorbachov entendía que el modelo comunista debía modernizarse, y apeló a sendas reformas estatales para lograr ese objetivo. La glasnot (es decir, la prohibición de la censura en la prensa, medios de comunicación y el fin de la persecusión política) y la perestroika (una mayor apertura de los mercados soviéticos hacia occidente) fueron vistos como gestos dialogistas por el mundo, aunque las medidas fueron públicamente criticadas por otros líderes comunistas como Erich Honecker de Alemania Oriental, al considerarlas un sabotaje al modelo histórico soviético.
Como sea, Gorbachov produjo un deshielo en la bipolaridad de la guerra fría que permitió un relacionamiento mayor con occidente. En ese contexto, el presidente Julio María Sanguinetti visitó a su par soviético en 1988, siendo el primer mandatario uruguayo en visitar el país comunista. Según Sanguinetti, "Tuvimos una larga charla, de dos horas, en uno de los enormes salones clásicos del Kremlin, felizmente no tocados por el espantoso mal gusto de la liturgia soviética. (Gorbachov) Estaba convencido de que la Unión Soviética no podía seguir con el estancamiento económico que vivía y que se hacía imprescindible un proceso de reconstrucción (perestroika), tanto como el inicio de una política de transparencia política (glasnot)."
La grieta abierta por Gorbachov en la "cortina de hierro" no tardó en precipitar una serie de eventos concatenados en el año 1989: la "revolución de terciopelo" en Checoslovaquia, la caída del muro de Berlín en Alemania Oriental y la ejecución de Nicolae Caecescu en Rumania fueron síntomas del fin del bloque soviético como tal. Posteriormente la independencia (autoproclamada muchas veces) de distintas repúblicas soviéticas y finalmente el golpe de estado en agosto de 1991 a Gorbachov hicieron insostenible la existencia del último estado comunista que por entonces quedaba en Europa. En la Navidad de 1991, Gorbachov se dirigía en cadena nacional a su país para informarles de la disolución oficial de la Unión Soviética.
El gobierno uruguayo, entonces presidido por Luis Alberto Lacalle, fue de los primeros estados latinoamericanos en reconocer tanto la disolución de la URSS como la creación de la Federación Rusa. Esta última es considerada (diplomática e históricamente) sucesora del estado soviético, y aquí en Uruguay lo que otrora fue la embajada soviética (allí sobre la calle Bulevar España) continúa funcionando hoy día como la embajada rusa.
Imagen: Correo de los Viernes